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lunes, 15 de abril de 2013

“LOS ACONTECIMIENTOS POR VENIR, PROYECTAN SU SOMBRA ANTES DE LLEGAR”(II)


¿Puede haber un futuro mejor para la Argentina? La elección de Francisco.

Cuando, a raíz de la experiencia del 8N, vislumbrábamos una luz de esperanza para iniciar un camino virtuoso de reconstrucción para la Argentina, donde asignábamos un papel fundamental a las clases medias siempre que comprendieran que debía recorrerse respetando la Constitución y la ley y un espíritu de tolerancia y de consideración por el prójimo que plasmara en un compromiso de esas clases medias con los sectores marginados y marginales para incorporarlos rápidamente al bienestar general que  los fundadores y constituyentes planteaban como uno de los objetivos a alcanzar mediante la constitución de la república, no podíamos imaginar que ocurrirían los acontecimientos que desembocaron en la elección de un Papa argentino.
La designación del Cardenal Bergoglio ha conmovido al país profundamente, seguramente porque reconoce en él las virtudes, valiosas para todo el mundo, que ha podido desarrollar en medio de un país conturbado y una sociedad conflictiva que le han servido de matriz. Al mismo tiempo parece que sus virtudes han resultado irritantes para una minoría extremista encaramada en el actual gobierno, que se resiente ante actitudes y conductas republicanas y sobre todo, ante espíritus independientes y solidarios con la legalidad y con el prójimo, sensibles al ejemplo y al testimonio del nuevo Papa.
Es que éstos resultan peligrosos para esa minoría porque no suenan como la “ voz de uno que clama en el desierto” , si no que, por el contrario,  son mensajes que llegan a la consciencia de la mayoría de la gente para despertarla y al mismo tiempo, aísla y marca a fuego a quienes hacen de la intolerancia, el fanatismo y la soberbia prepotente, una norma de conducta y una táctica de confrontación y de dominación.
Si la necesaria y demorada solución de los problemas que los afligen, resulta un desafío para los argentinos y un llamado a su responsabilidad, el ejemplo y el mensaje del nuevo Papa también lo son, con una resonancia  y una contundencia que no deja espacios para la sordera intelectual y moral, aún la más contumaz, y esto introduce un factor novedoso en la vida nacional.
El nuevo Papa no va a solucionar los problemas argentinos; no nos devolverá las islas seguramente, pero sin lugar a dudas puede conmovernos y convocarnos a objetivos generosos y a actitudes y conductas positivas en la búsqueda del bien común, no ya como expresiones individuales y aisladas, sino en el marco de una movilización social para concretarlo.

martes, 22 de enero de 2013

LA BARRICA ENCANTADA


EL PESO DE NUESTROS PECADOS NACIONALES. PASADO, PRESENTE Y FUTURO.
Aquella realidad colonial que se resumía en,  “se acata pero no se cumple”, como forma de obviar el mandato real, se repite hoy en la realidad de nuestro país, donde parece ser norma, desde la presidencia para abajo, que los funcionarios se sientan tan lejanos de la ley y de la Constitución, como se sentían del Rey sus funcionarios de América en la época de las carabelas. Ni la clase política, ni obviamente los gobiernos de turno, se estremecen  cuando no se respetan las normas y la ley  y,  por supuesto, una parte importante de la sociedad que los sustenta, hace lo mismo.
“Vivir en emergencia” ha sido una constante que ha justificado permanentemente la transgresión a la ley, que se acata cuando conviene o cuando resulta cómodo hacerlo, pero no siempre. La teoría de la “imprevisibilidad” condiciona cualquier contrato. La legitimidad del acto electoral prevalece sobre la ilegitimidad de una política electoralista que dura todo el año y que inevitablemente corrompe  el día electoral. El representante del pueblo, una vez elegido, se transforma rápidamente en representante del partido o de la corporación política y el diputado o el senador oficialista se subordina siempre al PE, haciendo de los procedimientos deliberativos una parodia. El populismo se beneficia con el concepto generalizado en la sociedad, de que es el único que puede gobernar, sin advertir ésta, que nunca demostró que pudiera hacerlo correctamente  respetando a la Constitución y a las buenas prácticas administrativas, ya que sus políticas demagógicas y clientelistas siempre han terminado  agotando la economía del país, dejando a pagar el precio a sus sucesores, a quienes termina posteriormente haciendo la vida imposible con su aparato político y gremial y sus demandas y maniobras.
 Como una de las consecuencias  de este largo proceso, una parte importante de los habitantes ha resultado marginada en sus condiciones de vida, soportando situaciones  de vivienda, educación, salud y seguridad, que les impiden incorporarse plenamente a la sociedad, al bienestar general y a la posibilidad de gozar de los beneficios de la libertad, como propone nuestra Constitución Nacional. Esta situación es aceptada  y quizás promovida de hecho, como sustento del clientelismo, por sectores de la política y de la administración, y resulta avalada o consentida por una parte importante de la sociedad, ya sea por indiferencia o por su apoyo electoral a esos sectores. En este sentido, no resulta realista ignorar que existen los que se benefician con las políticas populistas y que, por supuesto, integran su aparato de sostén, hasta que la economía real del país no las puede soportar más. Después viene el silencio y el ocultamiento prudente, hasta que la mala memoria social funciona para hacer olvidar los desaguisados cometidos anteriormente y sus complicidades con las mismas. El populismo parasitario funciona como las garrapatas. Él ve al Estado como una caja llena de recursos, igual que la garrapata que percibe a la vaca  como un odre lleno de sangre. El problema comienza cuando se agota la caja y cuando se muere la vaca. Mientras la caja y la vaca aguantan, se aprovecha. Después hay que esperar hasta que la situación mejore y se pueda reiniciar el ciclo  y saciar el hambre acumulado durante la escasez.
La posibilidad de superar la lacra del populismo y de modernizar el país, pasa por su institucionalización plena y por la existencia de una ciudadanía celosa por sus derechos, respetuosa de sus obligaciones y  presente en su responsabilidad cívica. Para poder participar en los beneficios de la libertad hay que tener la posibilidad real de acceder a ellos. Ciudadanía responsable, libertad e igualdad de oportunidades, son términos insustituibles de la ecuación republicana.

LA MEMORIA HISTORICA QUE NOS FALTA.
En política, muchos argentinos se pasan la vida resucitando muertos  conspicuos o encumbrando malos actores,  que los imitan en beneficio propio, aprovechando cierta necrofilia a la cual son vulnerables. Por supuesto que utilizan libretos correspondientes con los tiempos que pretenden evocar,  desactualizados inevitablemente y anacrónicos, resultado de un astigmatismo intelectual con una visión deformada de la realidad tal cual se presenta, y no tal cual ellos quisieran que fuera.
En general, no se evoca la memoria de la minoría creadora, apasionada y audaz, que fue capaz de crear un país moderno, a partir de mucha tierra, mucha frontera y poca población. Quién estudie el proceso histórico que llevó a un país casi inexistente a que se convirtiera, en sólo tres cuartos de siglo, en uno de los más importantes en el escenario mundial, no puede menos que asombrarse.
Pero también es digno de asombro que un puñado de hombres viviendo en los confines del Imperio español, pudiera derrotarlo, después de haberse preparado, primero derrotando al inglés, y también con posterioridad al de Portugal y al de Brasil, al Paraguay de López,  que posiblemente fuera la primera potencia militar de su época en Sudamérica, que pudiera superar el bloqueo de las escuadras británica y francesa, sostener, al mismo tiempo, largos años de enfrentamientos y guerras fratricidas y concluir la interminable guerra de las fronteras  que los había jaqueado por largos años.
Esta  epopeya fue cumplida por hombres generosos con su tiempo y con su sangre, entregados con pasión y determinación a concretar un proyecto de país, proceso donde hubo grandes desencuentros y enfrentamientos, que pudieron parecer, en sus circunstancias, fruto de intereses personales y egoístas,  pero nunca desprovistos, en realidad, de una visión magnánima con respecto de los objetivos finales que se planteaban.
¿Acaso no es hora de interrogarnos,  al menos, sobre las razones por las cuales no encontramos en esa extraordinaria historia, los ejemplos, los estímulos y las ideas rectoras para enfrentar el desafío de salir de esta otra, de decadencia y frustración, que está durando también otros tres cuartos de siglo?.
¿Es posible que la Argentina gringa y la Argentina criolla, se hayan olvidado de los tiempos heroicos o es que simplemente nunca los conocieron y entonces, sus  memorias históricas, sus anécdotas y sus paradigmas arrancan con el populismo y con la etapa de la decadencia provocada por sus errores?. Si es así, es probable que en esta ignorancia histórica, radique la incapacidad que tenemos los argentinos para bajarnos de esta calesita fatal que siempre nos retorna al punto de partida, a reiterar los mismos errores, a confundir actividad intrascendente y promesas viciosas, con progreso y realizaciones virtuosas.
Si la Argentina no logra integrarse socialmente, incorporando a la ciudadanía activa a sus sectores más pobres y marginados, es difícil imaginar una salida del círculo vicioso a que nos condena nuestra calesita histórica. Si el populismo no acepta que es necesario conciliar igualdad con libertad y que la igualdad en la pobreza no sirve sino a los pocos poderosos que medran con ella en la debilidad de las instituciones republicanas, y los liberales no confirman que la libertad sin justicia social tampoco sirve, porque muchos quedarían al margen de su ejercicio práctico y su existencia constituiría una amenaza permanente para el sistema político, resultará difícil iniciar un período virtuoso de nuestra historia nacional.
El camino  correcto está señalado en nuestra Constitución histórica cuando promueve el bienestar general y propone asegurar los beneficios de la libertad para todos, promesa que resta incumplida para muchos habitantes de Argentina,  no por culpa de nuestros constituyentes, sino por culpa de los argentinos que la han incumplido y abandonaron el camino del progreso, de la justicia y del civismo.
La Presidente se coloca fuera de la legalidad cuando cree que una mayoría electoral circunstancial, obtenida por medios deleznables, la habilita para ejercer su poder político sin límites. Es en definitiva el camino que conduce a la dictadura de la mayoría y a la corrupción deliberada del sistema político sostenido por la Constitución , con la complicidad de sus legisladores obsecuentes que podrían estar incursos en el art. 29 de la Constitución, que en tal caso, los calificaría como infames traidores a la patria.
La unión nacional, más allá de las diferencias y matices en el abordaje de la realidad, sólo será posible en base a nuestra Constitución histórica, a la vigencia de un Estado de derecho y al respeto a la ley y a la forma republicana de organización del poder político; el enfrentamiento faccioso, la división irreconciliable entre argentinos, nos conducirán irremediablemente al fracaso de cualquier proyecto nacional. ¿Puede acaso considerar alguien sensato, que la unión nacional logrará gestarse alrededor de un dictador o de un líder absolutista que hoy está y mañana desaparece, de sus caprichos, de sus errores, de sus falencias, no compartidos y por supuesto jamás reconocidos como tales?.
La unión forzada, la ley facciosa, sólo pueden llevar a la violencia, a la resistencia y a la confrontación final. Nunca han sido prendas de paz sino de guerras fratricidas y los ejemplos sobran en el mundo, por desgracia.
La unión dentro de la diversidad, la pluralidad que se somete en última instancia a la Ley, dejan de ser una desgracia y pueden convertirse en un bien que sostenga  la creatividad y la riqueza cultural de un pueblo que resulte capaz de convivir en paz,  con tolerancia y con justicia. En esas circunstancias, ciertamente, también con prosperidad.

PECADOS Y REDENCIÓN
Para que la República funcione tiene que haber ciudadanos, no alcanza con la existencia de votantes, sobre todo si no son responsables y son simplemente clientes. Si éste es el caso, resulta aberrante desde el punto de vista de una ciudadanía efectiva y virtuosa, pero resulta mucho más aberrante aún, que en una república  existan ciudadanos y habitantes que vivan en la miseria y en condiciones que no les permita ejercer su ciudadanía, participar del bienestar general y gozar de los beneficios de la libertad, y los condene a ser carne de cañón para los populistas y demagogos de turno, en consecuencia.
Abordar la problemática compleja de un alto porcentaje de la población que vive marginada y empobrecida, exige una atención y disposición privilegiada por parte de la sociedad,  porque es necesario reparar lo que todavía se puede recuperar y ello no sólo requiere el acceso de esos sectores marginales de la sociedad a condiciones materiales de vida básicas compatibles con los tiempos actuales , sino además, un esfuerzo extraordinario en materia educacional y cultural que evite la existencia de un millón de jóvenes que ni estudian ni trabajan, una afrenta para la sociedad,  que no sólo ha admitido el despilfarro irresponsable de los recursos materiales del país, sino también, lo que resulta más intolerable aún, de sus recursos humanos.
Cuando llegue la hora de reparar la falta de inversiones en materia de energía, petróleo, gas, infraestructura, carreteras, ferrocarriles etc., no se podrá soslayar la terrible deuda social pendiente, originada en años de negligente despilfarro y de políticas populistas irresponsables y corruptas, votadas primero y luego toleradas por la mayoría de la sociedad.
Habrá que realizar un tremendo esfuerzo de reconstrucción que incluye una reforma del Estado ineficiente y del sistema de partidos políticos, como base de la movilización de los propios recursos económicos del país y de aquellos internacionales que pueda conseguir para arrancar el proceso de transformación. Será necesario remontar el evidente desprestigio a que ha sido expuesto el país y demostrar seriedad, responsabilidad y decisión, concretadas en claras políticas de Estado.

domingo, 20 de enero de 2013

“LOS ACONTECIMIENTOS POR VENIR, PROYECTAN SU SOMBRA ANTES DE LLEGAR”.

El Kirchnerismo pretende repetir la experiencia de Perón fundando un movimiento propio desde el Gobierno, utilizando todos los recursos del Estado y usufructuando de todos los recursos del aparato político-gremial del peronismo tradicional vaciándolo, al mismo tiempo, de operatividad política propia.
Es obvio que ha planteado una pelea donde sus mayores enemigos serán esas estructuras -ya sean políticas o gremiales- y que la resistencia que éstas le ofrezcan estarán estimuladas porque el Kirchnerismo opera, en sus cúpulas superiores, con cuadros extraños al peronismo histórico, afines con sectores “progres”, “entristas”, resistidos oportuna y constantemente a lo largo de la historia del peronismo, historia que culminó, en su oportunidad, con la expulsión de la plaza por el propio Perón.
Ante este panorama incierto, complicado y peligroso, por la posible violencia de su desenlace, teniendo en cuenta la crisis y ausencia de la FFAA y de buena parte de las de seguridad, y la pérdida de autoridad del Estado que está perdiendo el monopolio de la fuerza en la calle, ¿Qué harán y cómo reaccionarán las clases medias? Su aparición protagónica en el escenario político, constituye la última esperanza para que el país se reencauce hacia un Estado de Derecho fundado en la vigencia plena de la actual Constitución, con una praxis política que reconozca límites y respete las instituciones y las formas establecidas por ella: representativa, republicana y federal.
Cuando las clases medias asuman que el futuro del país está condicionado y demorado por este modelo nacional populista, corporativo y autoritario, que amenaza su propia existencia porque amenaza las condiciones y valores intrínsecos a su naturaleza, y si el peronismo histórico comprende que la experiencia nacional populista llevada a sus extremos, cuyas consecuencias está sufriendo en carne propia, debe concluir definitivamente y está dispuesto a validar una cultura y una praxis republicana que permita la fundación de una nueva República, anclada en la Constitución actual, que él mismo contribuyó a reformar en la última década del siglo XX, estarán dadas las condiciones para el cambio histórico que la Argentina requiere desesperadamente.
Y resulta así, porque la soberbia totalitaria de este régimen está arrasando con los fundamentos del país, institucionales, culturales, sociales, políticos y económicos; está dilapidando las condiciones altamente favorables para la Argentina que el mundo actual le ofrece comprometiendo, con una conducta digna del escorpión, la bonanza que el agro y la agroindustria le han brindado a su modelo, ahogándolos y comprometiendo su funcionamiento con una orgía de medidas burocráticas e intervenciones arbitrarias, delirantes e innecesarias.
Como diría el viejo Vizcacha, “están orinando contra el viento y lamentablemente nos están salpicando a todos”.
El agotamiento del modelo ha dejado sin esperanzas de un futuro mejor a buena parte de la sociedad que no tiene posibilidades de mejorar sus condiciones de marginalidad o de exclusión. La voracidad fiscal del modelo se ha hecho evidente, aún para sectores de ingresos fijos y asalariados que comienzan a percibir que habrá pocas posibilidades de progreso personal en el futuro, en el mundo “K”, con poca movilidad social y con tendencia creciente a una concentración económica en manos cómplices y amigas.
El panorama parece estar cambiando si tomamos en cuenta la reacción de una parte de la sociedad que salió a la calle a expresar su repudio y su hartazgo frente a las políticas, amenazas y provocaciones del Kirchnerismo manifestaciones que sorprendieron a todo el mundo, incluso porque involucró a una mayoría de gente joven que parecía, hasta ahora, renuente a participar y comprometerse.
¿Son éstas, acaso, las primeras sombras que proyectan los acontecimientos por venir?.

¿Puede haber un futuro mejor para argentina?

Seguramente habrá un futuro mejor para Argentina y también con seguridad, en su construcción, el papel protagónico lo tendrá la clase media, las clases medias que se deberán ir extendiendo en dirección a aquellos sectores de menores ingresos de bienes materiales y culturales. Recuperar la movilidad social que caracterizó a la Argentina y el acceso a una buena educación que permitió el progreso de los antepasados inmigrantes de la mayoría de los actuales integrantes de las clases medias, debe ser el objetivo central de un nuevo modelo de sociedad, a construir con la inclusión de todos los sectores actualmente marginados y condenados por el actual modelo, más allá del “relato” oficial, a mantener su condición de clientes disponibles para la construcción de poder populista.
La protesta es parte de la lucha por el cambio, pero es la propuesta la que lo motoriza y le da sentido y contenido real y valor a la actitud. Si es cierto que recién estamos viendo las sombras de lo que vendrá, hay que comenzar a edificar el futuro que queremos.
El primer paso será consolidar la decisión mayoritaria de conservar la Constitución y vivir en un Estado de Derecho y no en un estado de zozobra y de sometimiento a los delirios del poder populista. Pero los siguientes, serán para lograr un consenso básico sobre cómo construir el Estado de Derecho, y el camino a recorrer para lograrlo. Es fácil coincidir en lo que “no queremos”.
Hay que descubrir juntos aquello que queremos.


El camino a recorrer

Si la protesta se confirma y se mantiene cono movimiento social, corre el peligro de que se malogre y se esterilice en la mera exhibición de disgusto y mal humor o que se quiera aprovechar para capitalizarla electoralmente. La energía generada por un movimiento social espontáneo, debería ser encausada mediante cierta organización que permita canalizarla hacia objetivos superiores que respondan a la solución de los problemas que generan las protestas. Para ello resulta indispensable crear cierto tipo de liderazgo que preserve la legitimidad y autenticidad del movimiento, y que lo mantenga independiente de las políticas partidistas, porque su función será, en definitiva, presionar a los partidos para que respondan a los auténticos requerimientos de la sociedad.
Parecería que un liderazgo que responda a las exigencias planteadas, tendría que surgir, al comienzo, de los intelectuales independientes que compartan en este caso, los fundamentos motivadores: la defensa de la Constitución y del Estado de Derecho.
Son los intelectuales quienes pueden aparecer ante esta sociedad alarmada y angustiada, con ideas y propuestas claras y orientadoras y al mismo tiempo ofrecer mayor seguridad de independencia y de asepsia con respecto al régimen kirchnerista.

miércoles, 27 de julio de 2011

¿QUIEN EXPLICA LO INEXPLICABLE?

Don Juan Sosa, empecinado tambero, si los hay, despertó una de estas mañanitas frías de fin de otoño, y se "desayunó" con la noticia que se avecinaba una crisis en la lechería, provocada por un inoportuno incremento en la producción de leche. Atónito, se preguntó ¿Pero cómo puede ser, si hasta ayer se nos pedía que produjéramos más?
Si después de una década se logra producir un poco más, y con ello se provoca una crisis, realmente los productores deberían sacar conclusiones al respecto y tratar de explicarse y explicar a Don Sosa lo aparentemente inexplicable. La primera sensación que se tiene, es que aquí nadie ha hecho los deberes, ni el gobierno, ni la industria, ni la producción.
Si el anuncio se concreta y sobra leche, porque faltan "fierros" para poder secarla y exportarla, hay que poner en evidencia las razones para que ocurriera este disparate.
¿Sobra leche porque la producción es culpable de arriesgar, invertir y realizar el esfuerzo de incrementar su producción insensatamente, ya que debió analizar y evaluar más juiciosamente la coyuntura? ¿Faltan fierros porque no se realizaron las inversiones necesarias o hay circunstancias que no permiten aprovechar eficazmente la capacidad instalada?
En todo caso, no existen para nadie condiciones necesarias y razonables para hacerlas. La incertidumbre que surge de la falta de políticas de Estado, de garantías, de reglas de juego claras, a partir de una vocación gubernamental personificada y actuada por el secretario de comercio, para interferir y condicionar arbitrariamente el comercio y en particular, las exportaciones de lácteos, desalientan esas inversiones y nos condenan al estancamiento o a pagar el precio de una crisis cuando se aumenta la producción más allá de las necesidades del consumo.
En realidad estamos comprobando, que a partir de este condicionamiento político, tanto el sector público, como la industria son incapaces de ordenar la lechería. Pero también la producción por sus omisiones o falta de presencia.
Si se quiere que exista un futuro previsible para la lechería argentina, y que ocupe el lugar destacado en el ámbito internacional que merecería por su potencial, resulta imprescindible que la producción abandone su "autismo", se organice y asuma el protagonismo que le corresponde y al que su responsabilidad y su conveniencia la obligan, y no lo ceda más ni a los políticos, ni a los funcionarios, ni a los peso pesados de la industria.
La organización comercial de la producción mediante el asociativismo, adquiere sentido y trascendencia, porque le daría dominio sobre su producto y la capacidad para decidir sobre su destino, ya sea el consumo interno o la exportación. Este dominio debe estar asegurado por dos instrumentos necesarios y complementarios: la venta previa de la leche antes de su entrega en planchada de fábrica y la capacidad de secado para acceder al mercado internacional.
Esta función ordenadora de los mercados sería beneficiosa para el sector público y para los actores privados, a partir de la certeza de que las pérdidas ocasionadas por una crisis provocada por una sobre oferta en el mercado interno, serían mayores y más traumáticas que las ocasionadas por una diferencia negativa de los precios internacionales en relación a los internos.
Por otra parte, la capacidad comercial y de razonable anticipación que una eficaz organización comercial de la producción podría manejar, y la elasticidad que el modelo de producción predominante da, de levantar o no el pié del acelerador, otorgaría una interesante capacidad reguladora en la actividad que hasta ahora, se ha creído equivocadamente, que correspondía a un Estado intervencionista, mediante leyes, reglamentaciones y otras expresiones voluntaristas ineficaces. Serán los actores de la actividad quienes pueden hacerlo cabalmente, en el ejercicio de sus derechos y obligaciones legítimos, en el marco de una legalidad acatada por todos y de claras
políticas de Estado que señalen y expliciten los intereses públicos en la materia.
Tampoco sería razonable que la producción como tal pretenda avanzar en la cadena, para defender mejor sus intereses, salvo en la distribución de su producto. No tendría sentido que el productor quiera devenir en industrial. Quién opere como industrial, es y se comporta como industrial porque está en su "naturaleza" profesional. No podría operar con la lógica de un productor. Resulta imposible travestir la rana en escorpión y viceversa.
En ese sentido, la producción no pierde su condición o su naturaleza, cuando amplía la frontera de su actividad desde la tranquera del tambo a la planchada de la fábrica.
Tampoco cuando acondiciona su leche para aumentar su duración y condiciones de comercialización, enfriándola, concentrándola o secándola para acceder a la exportación. Son operaciones para mejorar el dominio y el manejo comercial de su producto sin cambiar la naturaleza del mismo.
La madurez del "negocio" de los lácteos estará determinada por una producción organizada que asuma sus responsabilidades, sin dejar espacios vacíos, consciente de su capacidad productiva y comercial y de su capacidad ordenadora proyectada más allá de su propio campo de acción.
Don Sosa, si Ud. no se calienta por su negocio, ¡Tendrá que pagarlo caro! La uniónhace la fuerza, no se la dará la "amistad" de los industriales o de los políticos o funcionarios de turno, y si no es así, que se lo demuestren aceptando y promoviendo, si es posible, la asociatividad de los productores. Y todos amigos.

miércoles, 25 de mayo de 2011

LECHERIA: CRECER O NO CRECER, ÉSTA ES LA PREGUNTA

La producción lechera, al igual que otras actividades productivas, necesita que el país defina sus políticas de Estado con respecto a la producción de alimentos. Esta definición involucra no sólo al oficialismo sino también a la oposición.

Mientras que la Presidente anuncia “urbi et orbi” que la Argentina puede alimentar a 400 millones de consumidores, su Gobierno privilegia una “soberanía alimentaria”, tomando medidas que no solo desalientan la producción de alimentos, sino que revelan una duda sistemática sobre la capacidad de alimentar a 40 millones de argentinos, desvirtuando en los hechos la valiosa afirmación de la Jefe de Estado. Esto resulta contradictorio porque si Argentina puede alimentar a 400 millones no puede estar preocupada y demostrar dudas sobre su capacidad para alimentar a 40 millones. En todo caso, despejadas las dudas sobre su capacidad de producir alimentos, las inquietudes deberían orientarse a que los alimentos que abundan, sean accesibles para todos los argentinos de acuerdo al mandato constitucional que obliga a buscar el bienestar general.

Si partimos del presupuesto que vamos a crecer, ¿por qué poner en duda nuestra capacidad para alimentar una demanda interna que resulta diez veces menor que la anunciada por la Presidente?.

La mayoría de los políticos y funcionarios respaldados hoy por una buena parte de la opinión pública son compulsivamente intervencionistas. La intervención, como expresión de interferencias burocráticas, no solo enerva y desalienta a la actividad privada, sino que muchas veces resulta de dudosa legalidad constitucional, porque vulnera derechos individuales y tratados internacionales que obligan a la República.

Esta tendencia generalizada, descarta en particular la intervención del Estado, legítima y eficaz, a través de la promoción de conductas virtuosas, desde el punto de vista del interés general, en el mejor espíritu del Artículo 75 de la Constitución Nacional, que otorga facultades al Congreso para, “...proveer lo conducente a la prosperidad del país…por leyes protectoras de estos fines y por concesiones temporales de privilegios y recompensas de estímulo”.

La experiencia y el sentido común han demostrado que se generan mejores y más duraderas respuestas positivas por medio del estímulo que por el temor y peor aun por el terror.

A partir de estos presupuestos podemos plantearnos: ¿Qué queremos hacer con la producción y la cadena láctea? Crecer, estancarnos o decrecer.

Hoy estamos produciendo lo mismo que hace diez años atrás, a pesar del progreso tecnológico que ha permitido incrementar la productividad por vaca y por hectárea, lo que pone en evidencia la disminución de vacas y de superficie dedicada a la actividad. También que la actividad de producir leche no ha sido suficientemente atractiva como para generar un crecimiento sostenido.

Por otra parte, el paquete tecnológico agrícola accesible es superior que el de la producción de leche y más fácil de implementar. La coyuntura y la realidad son más favorables para la agricultura.

La lechería es más compleja, más exigente, más vulnerable y riesgosa, requiere horizontes más despejados que no encuentra, necesita más inversiones y tiene, además, problemas estructurales para crecer; faltan vacas y vaquillonas para que ello sea posible.

Para crecer se necesitan: fundado optimismo, garantías para la inversión, reglas de juego favorables, en un contexto de prestigio social y político para la actividad.

Si el empresario se ve controvertido y devaluado socialmente no puede sentirse optimista y estimulado para arriesgar e invertir.

Por otra parte, los productores, en su actitud, deberían ser más consecuentes con la defensa de sus legítimos intereses y el desarrollo de una capacidad empresarial acorde con su responsabilidad profesional. Su mayor deuda es la falta de asociatividad espontánea, que deberá ser promovida siguiendo dos líneas de acción diferentes y complementarias, concurrentes en definitiva, a la hora de crear poder de negociación: la vía político-gremial en el campo de sus relaciones con otros sectores privados y públicos, y con la sociedad y la vía económico-comercial, en el campo de la negociación de su producto e insumos.
(Este artículo, bajo el título "Lechería: ¿Crecer o decrecer? fue publicado por Clarín Rural en su edición del 21 dse mayo de 2011)