Este miércoles fui a la plaza del Congreso a encontrarme con otros argentinos, todos preocupados por la suerte de la República. Me había separado de mi amigo Jaime y estaba atento y observando las proximidades tratando de ubicarlo.
Repentinamente tomé conciencia que tenía parado a mi derecha un extraño personaje, observando atentamente la manifestación. Su vestimenta, su barba, su actitud serena, sus gestos contenidos me impresionaron. En medio del ruido y el bullicio se volvió hacia mí y me miró con ojos serenos y llenos de sabiduría y al comenzar a hablar pareció que los sonidos que nos envolvían bajaban su volumen.
-“Si se elimina la justicia ¿Qué cosa son los estados sino pandillas de bandidos en grande, pues después de todo, qué otra cosa son las pandillas de bandidos, sino estados en pequeño?-
Lo miré, asombrado por lo que escuchaba y continuó -“¿Conoce la anécdota del pirata prisionero frente a Alejandro Magno?- y sin esperar mi respuesta prosiguió –“Cuando el Rey le preguntó qué se proponía al infestar el mar, el pirata le replicó francamente ¿qué te propones tú al infestar toda la tierra? La única diferencia está en que porque yo lo hago con un barco pequeño me llaman bandido, en tanto que a ti te llaman emperador porque lo haces con una gran flota.”
Impactado por sus palabras sólo atiné a preguntarle ¿Es Ud. acaso un periodista de Clarín o del equipo de Periodismo para todos, disfrazado para buscar la nota? Ahora el sorprendido resultó él. –“Soy un observador llegado del pasado. Me llamo Agustín y ya debo regresar a Hipona. Le recomiendo que lea mi última obra “De Civitate Dei¨”- Y haciendo un pequeño gesto con su cabeza, se despidió con un último mensaje –“Saludos a la Presidente”.


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