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lunes, 15 de abril de 2013

MÁS BARRICA ENCANTADA.



¿Qué le pasa a la presidente y qué nos pasa a los argentinos?

¿Qué le pasa a la Presidente con su agresividad sin límites y sin descansos, que se pasa repartiendo mandobles y estocadas, como una heroína de película de piratas, a presuntos enemigos reales o imaginarios y muchas veces, desarmados e inermes, ante los desproporcionados, abusivos y absurdos ataques presidenciales? . Ya no le alcanza con tener sometida a una mayoría obsecuente que subordina al Congreso. Ahora quiere terminar avasallando la Justicia.
 Daría la impresión que ha superado los escrúpulos de mostrarse sin escrúpulos a la hora de enfrentarlos y de arrasar con la República, y esta actitud resulta francamente peligrosa en una persona que detenta el poder y la dominancia que la caracteriza.
La Presidente está crispando al país con su conducta y su discurso, y esto es grave, porque además, no parece que su agresividad sea involuntaria y casual, sino deliberada y, sospechosamente, más que una expresión de su naturaleza  áspera y agresiva, sino una estrategia política consciente, que está llevando a un enfrentamiento entre argentinos, a quienes ella, teóricamente, debería inducir a la concordia, más allá de sus diferencias.
En su visita a los túneles utilizados por la guerrilla en Viet Nam, los encontró demasiado estrechos y por eso, curiosamente se agachaba, cuando, si realmente eran estrechos, el problema no era con la cabeza sino con las caderas. Es que la presidente tiene un problema con las estrecheces, ya sean los túneles o los estrechos caminos que le marca la legalidad, y entonces, en vez de recorrerlos con mesura, agacha la cabeza y arremete contra todo lo que le marca límites. No advierte que en su desmesura no sólo lastima su propia investidura, sino al sistema constitucional. Los “ estrechos” túneles fueron hechos para los enjutos soldados del viet- con, que seguramente los encontraban menos estrechos que la Presidente, y los caminos que marca la legalidad, seguramente no le resultarían estrechos a un presidente republicano, como de hecho le resultan estrechos y molestos a esta Presidente que no lo es.
Su megalomanía corre pareja con la obsecuencia de su corte y ésta es una combinación que la experiencia histórica ha demostrado ser sumamente peligrosa y que, entre otras consecuencias, ocasiona la descalificación, y a veces la persecución, de quienes descreen del relato y la existencia  de “el país de las maravillas de Cristina”. La construcción de un tren “bala” como ventana al futuro, fue una de las maravillas del “relato”, pero la realidad en cambio, fue que un tren chatarra a veinte km por hora causó más de cincuenta muertos y de 700 heridos. El relato y el cuento que no explican cómo, después de una década de hazañas y deslumbrantes éxitos del gobierno K, no se han podido reparar unos pocos cientos de km de vías, y tampoco explica cómo un país que vivía las estrecheces económicas de su construcción y de una profunda crisis, pudo en 1891, construir, a pala y carretilla, 2500 Km de vías férreas, en un solo año, no en una década. La propaganda de la Presidencia nos deslumbra con la obra en ejecución, de 21000 m., en realidad 21 km., de reconstrucción de vías. La diferencia está en que en aquellos años, se vivía en un país que crecía y hoy, a pesar del relato oficial, vivimos en un país que se encoge. Más allá de este ejemplo particular, en cualquiera de los de los aspectos de la realidad del país podemos sacar estas mismas conclusiones.
La experiencia y las consecuencias de este populismo ideológico que se practica desde el Gobierno, harán absolutamente necesario el inicio, en su momento, de una etapa de reparación y reconstrucción para restablecer condiciones políticas, económicas y culturales que permitan el crecimiento del país en libertad y con justicia social, que permitan el funcionamiento pleno de una ciudadanía ejercida con responsabilidad y en orden. Es obvio que, con grandes sectores sociales marginados disponibles para el clientelismo y el delito, la República no podrá funcionar si no se los rescata de esa penuria.
Seguramente si Argentina puede superar el populismo ideológico, se encontrará con el desafío posterior de superar también el populismo pragmático y oportunista, que sólo la podrá conducir a nuevas frustraciones. Desaparecida la alternativa de los gobiernos militares, la sociedad argentina, deberá optar de una vez por todas, por enfrentar sus desafíos con absoluto realismo, dentro de la legalidad, comenzando por leer nuevamente la Constitución nacional y su preámbulo. Conocerla resultará el primer paso para respetarla.
Cuando hagamos un balance de las falencias que nos dejará el populismo K en materia de energía, infraestructura, educación, transportes etc., no debemos olvidarnos de la tremenda deuda social que vamos a heredar, la catástrofe cultural, moral, educativa, habitacional, el desorden generalizado y un mapa del delito que abarca el territorio nacional.
 Resultará fundamental e insoslayable restablecer un espíritu de tolerancia y comenzar a construir un clima de unidad nacional sustentado en coincidencias y en objetivos generales compartidos. Este es el desafío al que la sociedad argentina deberá encontrar respuesta y lograrlo resultará difícil teniendo en cuenta que, por ahora, la Presidente y sus fanáticos hacen todo lo posible y lo imposible, para enconar los ánimos y provocar el enfrentamiento como estrategia política para sobrevivir en condiciones que se le presentan cada vez más desfavorables, preanunciando una crisis “cantada” de consecuencias imprevisibles y sin “salidas” alternativas que puedan vislumbrarse por el momento. Podemos sospechar que estamos recorriendo caminos de grave riesgo para el país, no sólo por la desastrosa gestión que caracteriza a esta administración si no, lo que es más grave, por la anunciada intención de ir por todo, es decir por la decisión de imponer ilegalmente este anunciado modelo totalitario, disfrazado de democracia, pero que en realidad no alcanza a disimular la voluntad de derivar a la Argentina al campo de las experiencias populistas latinoamericanas. Podemos preguntarnos qué grado de extravío intelectual, moral y político, puede alcanzar una dirigencia que se plantea para Argentina como modelos, los regímenes de Venezuela, Cuba o Bolivia. Es una pregunta sin respuestas lógicas porque en realidad, la voluntad de alcanzar un poder sin límites sobre los cadáveres de las instituciones, de las libertades y de la esperanza de la gente de vivir una vida mejor, no hay que buscarlas en el terreno de la política, sino en el terreno de la siquiatría.
La lección que nos deja esta lamentable experiencia, una más y van…., es que una Argentina fragmentada, con enconos y enfrentamientos, donde campee  la decisión guaranga de atropellar y empujar al otro, de someter y denigrar al “enemigo”, de no respetar normas y reglas de juego cuando no convienen, no tiene un futuro venturoso.
Si estamos hablando de la “ circunstancia” de los argentinos que están integrados socialmente y lo hacemos en términos peyorativos, ¿Qué comentarios podremos hacer  sobre ese sector importante de la sociedad que se siente marginado, y realmente lo está, pero acepta su marginalidad y reacciona desconociendo la autoridad, las leyes y las normas vigentes, y a los valores desteñidos de la sociedad que lo debería contener y rescatar, pero que da sobradas muestras de su incapacidad para hacerlo?
En estas condiciones, una crisis de la economía como la que previsiblemente se aproxima, puede tener consecuencias impredecibles. Existe crispación, intolerancia y violencia individual y patotera, que en caso de generalizarse puede no tener contención y con mayor razón  si no existieran alternativas y opciones para elegir una salida sensata. Si el delito y el tráfico de drogas y su asociación con la política, multiplican y potencian la capacidad de generar corrupción, y aparecen desmadrados frente a un Estado incapaz de poner orden ¿Qué pasará si estalla una crisis generalizada que tendría su máxima expresión  en la propia del Estado? Ni la clase media, ni la oposición, que se supone son republicanos, con sus más y con sus menos, parecen percatarse de que están bailando en la cubierta del Titanic y los témpanos ya  están próximos y amenazantes.






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