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lunes, 13 de mayo de 2013

NOTAS PARA UNA ARGENTINA ALTERADA.


“Si se elimina la justicia ¿Qué cosa son los estados sino pandillas de bandidos en grande, pues, después de todo, 
qué otra cosa son las pandillas de bandidos sino estados en pequeño?” 
San Agustín.

Esta Presidente es facciosa y ello la inhabilita para ser la Presidente de todos los argentinos. Ha elegido voluntariamente ser la jefa de una facción militante. El militante es un soldado de la “causa” y la militancia es una guerra donde todo vale, porque se “va por todo”.
Cuando se va por todo, se supone que quienes no pertenecen a la causa deben ser y permanecer dominados, silenciosos y sometidos. Los medios se degradan a simples instrumentos; las verdades a mentiras útiles o lo que es igual, a “relatos”; las virtudes del ciudadano, a la sumisión y la obsecuencia de los militantes.
La República se corrompe y se transforma en la Democracia de la “caja” y de las bóvedas, y los ciudadanos en clientes sometidos a la discrecionalidad de los que mandan.
La “Democracia” es el derecho de la autoproclamada “mayoría” a no tener normas ni límites a respetar; es la igualdad en el sometimiento al “jefe” y los cortesanos que lo rodean, un entorno de turiferarios voluntariosos que compiten en el servilismo, el ocultamiento y en las sonrisas tontas, complacientes y aprobatorias.
El tiempo y los acontecimientos han permitido ir apartando los velos que ocultaban la naturaleza del engendro que nos ha brindado el peronismo, y van quedando expuestas la fealdad, la corrupción y la intrínseca maldad del monstruo, salido, no por cierto del laboratorio del Dr. Frankenstein, sino del  laboratorio político del Dr. Duhalde en su momento, que se ha transformado en un sistema fascista o bonapartista de amigos, parientes y cómplices, dependiente y determinado en este caso, por los impulsos y las visiones mesiánicas presidenciales.
Ella y sus servidores más conspicuos lo han confirmado, van por todo, y los hasta ahora estáticos y melindrosos opositores políticos y miembros de la clase media que podían albergar dudas sobre la existencia  del “monstruo” y sobre su verdadera naturaleza, no podrán en el futuro, alegar ignorancia para excusar su tibieza.
Muchos han preferido durante el proceso cerrar un ojo o los dos para no ver lo que se venía, como  Neville Chamberlaine y los pusilánimes de turno lo hicieron ante los avances del nazismo, y no enfrentarse en consecuencia, a la necesidad de detener al monstruo a tiempo para evitar las consecuencias atroces de no hacerlo.
Esta negación de la realidad cuando es desagradable, que caracteriza a algunos argentinos, resulta simétrica con la negación del “monstruo” a aceptarla, ya que éste prefiere manejarse con una realidad virtual que se ajuste y responda a la medida de sus necesidades e impulsos megalómanos. Es que el “monstruo” crece y se desarrolla contando con las debilidades y contradicciones de quienes deberían controlarlo.
Se pretende crear un nuevo argentino a  su “medida”, sometiéndolo a un diseñador  “lecho de Procusto”. Estirarlo o recortarlo para que encaje en los moldes ideológicos de su modelo.
A medida que el “monstruo” ha ido mostrando sus facetas más desagradables y desnudando sus intenciones totalitarias, muchos argentinos han pasado de la indiferencia, a la alarma y  finalmente al espanto y a la convicción final de que hay que detenerlo, neutralizarlo y destruirlo para salvar el sistema representativo, republicano y federal. Si aprendemos dolorosamente con esta triste experiencia que estamos viviendo entenderemos que no basta con eliminar al monstruo sinó que es necesario desmontar al laboratorio para que nadie esté tentado de repetir la experiencia en el futuro.
No alcanza ya con inventariar a sus cuadros y a sus servidores. Resulta necesario estar atentos para inferir, por ejemplo, quien es confiable como opositor y enemigo del monstruo y quien es opositor "pero no tanto" por que sus debilidades corporativas y especulaciones políticas lo han llevado a aceptar y convalidar maniobras importantes del oficialismo, justificándolas al aislarlas del contexto en que luego serían utilizadas y usufructuadas por él. En realidad toda concesión y toda coincidencia, aún en el plano teórico, con el modelo, resulta una claudicación cómplice porque, en definitiva, se le está regalando un instrumento o un argumento útil para sus maniobras.
Una navaja puede servir para afeitar, para operar o para matar. Lo determinante es para qué fines será utilizada y si éste resulta ser el criterio acertado, es fundamental  no darle al mono una navaja. Más que una ingenuidad, ponerla a su alcance resulta una imprudencia peligrosa y una irresponsabilidad. Por lo tanto habrá que tomar nota para el futuro, cuando llegue la hora de tomar decisiones cívicas, sobre quienes son confiables y quienes son dudosos. Porque a la hora de la verdad habrá quienes estarán dispuestos a defender la República, quienes integrarán el cortejo de los adictos a las bóvedas que pretenden enterrarla definitivamente, y quienes simplemente, se sentarán en las puertas de sus casas para ver pasar el infame cortejo.
Querer a la República implica tomar la decisión de defenderla ahora y asumir el compromiso de fortalecerla después, cuando llegue la hora de construir una Argentina diferente y mejor.

1 comentario:

  1. De acuerdo con el autor, solo acoto que como afirma San Agustín, solo en la Ciudad de Dios no nos toparemos con todas esas lacras del ser humano, frutos de su condición de pecador. Al considerar los desarrollos de las dos ciudades: de la carnal,
    fundada en el amor de sí mismo, y de la espiritual, fundada en el amor de Dios. Cada una
    posee su propia manera de vivir y de gozar. La ciudad terrena finca su residencia y su
    felicidad relativa aquí abajo; la ciudad de Dios está sobre la tierra meramente de paso, en
    espera de la felicidad celeste.
    La forma de luchar eficazmente contra los males de nuestro país y del mundo entero es, acercarnos a Dios, tomarnos de su mano, amarlo (amando a nuestro prójimo), obedeciendo sus preceptos. Debemos espiritualizar la vida en esta tierra, para llenarla de virtudes y valores, que nos permitan llegar a la Ciudad de Dios, obteniendo así la felicidad con mayúscula.
    Somos libres de hacerlo, y me permito transcribir una frase de este gran santo, que ratifica nuestra soberana libertad, otorgada por El:
    " Dios que te creo sin ti, no te salvará sin ti "

    El Cazon de Pilar.

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