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miércoles, 5 de mayo de 2010

MALVERSACION INTELECTUAL DEL POPULISMO

“Hay que actuar dentro del sistema occidental y la única alternativa es velar para que los actos de los países occidentales correspondan a los valores que invocan, consecuencia menos trivial de lo que parece cuando se recuerda la falta de coraje y determinación de los europeos del siglo XX que, en múltiples circunstancias históricas, olvidaron sus ideales”.
Siguiendo esta corriente de pensamiento de R. Aron, podemos considerar a la Argentina como un exponente marginal de Europa, donde los argentinos en múltiples circunstancias del siglo XX hemos olvidado nuestros ideales tan bien expresados en nuestra Constitución.
Nuestro desafío, hasta hora sin respuesta, es volver a actuar como sociedad dentro del sistema occidental y velar para que sus actos y conductas habituales correspondan a los valores que invocaba nuestra Constitución y a los objetivos que ella enumera en su preámbulo.
Mientras Argentina así lo hizo, progresó. Cuando dejó de hacerlo perdió su espíritu de progreso.
El abandono de los principios y valores fundacionales fue progresivo, a medida que la cultura nacional fue influenciada por corrientes de pensamientos de acción política europea. Marxismo, fascismo, nazismo y nacionalismos de distintos tipos que evolucionaron hacia una matriz populista, nacionalista y aislacionista a contrapelo de la historia occidental que se recuperó de sus desvaríos de la primera mitad del siglo XX a diferencia de la Argentina que se mantuvo en ellos durante la segunda mitad y hasta ahora alejándonos de occidente y aproximándonos a experiencias burdas de primitivismo político y social que, quizás, como único atractivo nos permiten sentirnos mas cómodos en nuestra decadencia y menos culpables de nuestra conducta mediocre y responsable de ciudadanos fallidos.
La malversación del concepto de orden y cambio que han efectuado sistemáticamente los sectores populistas y “progres” que pretenden que orden simboliza derecha y represión, y cambio y progreso simboliza izquierda y progresismo, ha tenido efectos malsanos y disolventes en las conductas sociales.
La experiencia ha demostrado que populismo ya sea de derecha, izquierda o faltriquera aparece asociada con desorden, inseguridad, corrupción, despilfarro, ineficiencia y, finalmente, pobreza.
Esta asociación de populismo y pobreza no es casual ya que la concepción populista sobre la construcción de poder político requiere una pobreza accesible a sus prácticas clientelistas y groseramente distribucionistas que exigen como contrapartida el sometimiento político y la servidumbre espiritual.
Esta política es corrupta y corruptora y su consecuencia inevitable es la degradación social, política y económica.
Se pierden los valores positivos, se degradan las instituciones y se resiente la economía sin reglas de juego, anulada la iniciativa individual con un intervencionismo gubernamental que no busca el bien común sino los intereses mezquinos de una oligarquía oportunista e inescrupulosa que usufructúa del poder.
¿Ud. duda que esto sea así? Lea los diarios y entérese del fallo de Oyharbide.

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