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sábado, 28 de agosto de 2010

LA LEY DEL RESULTADO NO BUSCADO

Las retenciones a las exportaciones han sido el instrumento preferido de políticas centralistas y populistas que han determinado el deterioro progresivo del país y, particularmente, de su interior, por sus consecuencias negativas.

Que el gobierno de turno sea uno de los defensores de este sistema de exacciones a la producción no es extraño, pero no alcanza a explicar el fenómeno de su permanencia en el tiempo si no contara con la complicidad y el guiño de algunos sectores y corporaciones.

Aquí no se está buscando, en definitiva, la defensa de los intereses generales en el marco de políticas de Estado permanentes y legítimas, sino la defensa de las circunstanciales conveniencias corporativas en el reparto discrecional, que el actual sistema preconiza, de las riquezas de un país que se achica día tras día para cada argentino. Es la política prebendista que reparte a los amigos lo que le saca a la víctima de turno.

Nuestra entidad de productores de leche es consciente de que un aumento en el valor de la comida de las vacas lecheras le incrementaría los costos en forma inmediata, y ello le da más autoridad para afirmar que no habrá otro camino para el progreso del país que la formulación de nuevas políticas económicas y una profunda reforma impositiva que elimine impuestos a la exportación y los reemplace por otras formas de recaudación mas justas y menos perjudiciales y negativas.

El tambo moderno, por sus características, es una industria de alta complejidad. Necesita políticas y reglas de juego claras y permanentes que lo mantengan al margen de las improvisaciones oportunistas.

Difícilmente pueda sobrevivir a los vaivenes de un mercado nacional e internacional complicado, si en los períodos de vacas gordas el faraón se queda con el rédito y cuando llega el de las vacas flacas abandona a su suerte al productor luego de pauperizarlo.

La falta de normas complica el desenvolvimiento normal y las relaciones en la cadena, en tanto no evita abusos de posición dominante o prácticas comerciales que distorsionan el mercado.

Existe una ley que se cumple inexorablemente en los regímenes populistas; es la ley de los "resultados contrarios": los resultados de estas políticas en el mediano plazo son los contrarios de los propuestos en el corto.

Así, cuando proponen una mayor distribución de la riqueza, terminan creando mayor pobreza (en los últimos años se triplicó la población de las villas miseria). Dicen buscar la seguridad alimentaria de la población y provocan caídas en la producción por su intervención. Critican la sojización y la promueven con sus políticas. Se exhiben como los enemigos de la concentración y la promueven en la producción, la industria y la comercialización, donde cada vez quedan menos actores.

Atentan así contra la formación de una clase media en el sector servicios. Las reglas de juego que plantean, que es la falta de reglas de juego, reemplazadas por el arbitrio de los funcionarios, benefician a los más fuertes en detrimento de los más débiles, a quienes dicen proteger.

Debemos advertir el engaño a que hemos sido sometidos interesadamente desde hace ya demasiado tiempo. Debemos comprender que la única solución para nuestro país es el crecimiento y el progreso económico, social y político y ello sólo es posible en el marco de un Estado de Derecho. La única forma de proteger a los más débiles y controlar a los más fuertes es con la vigencia de las leyes constitucionales. Todos debemos ser esclavos de ellas para liberarnos de la tiranía de las corporaciones y de los mandones de turno, para los cuales parecería que no rigen las leyes ni existen los límites.

(Publicado por el diario La Nación, suplemento Campo, edición del 28 de agosto de 2010)


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